El mes de febrero por ser corto no fue menos intenso. Un mes cargado de romanticismo y aprendizaje en Luna Lanna, donde parejas y amigos se juntaron para pasar un buen rato aprendiendo técnicas de masaje.

Por relajante que sea mi burbuja laboral, la ciudad impone un ritmo del cuál agradezco poder alejarme de vez en cuanto. Me llama el verde, la naturaleza, el aire fresco y el silencio. Así que a media de semana, tocada por una inspiración celestial, miré a mi pareja con ceja derecha arqueada y le dije: ¿y si vamos al campo este finde? Él respondió con entusiasmo: ¡vamos!

 

Así que me puse a buscar el lugar, nuestro hogar temporal, el perfecto remanso de paz para acogernos el siguiente fin de semana. Ya que no cuesta soñar empecé a buscar con los mejores criterios: vistas al campo por supuesto, lugar acogedor con encanto, y … ¿por qué no un Spa?

Y así encontré el Hostal El Cerro. Al ver la imagen del Spa con vistas no lo pensé dos veces y reservé enseguida.

Tras 130 km desde Madrid llegamos a la sierra de gredos y ascendemos hasta el Pueblo de Pedro Bernardo, bellamente iluminado en la noche del viernes. Desde la primera sonrisa de uno de los 3 hermanos que gestionan El Cerro hasta despedirme de otro hermano (el lunes siguiente, cuando amablemente me llevó mi abrigo olvidado a mi casa), todo fue trato agradable, calidez, paz, gastronomía y relax. La habitación estaba decorada con gusto y tenía vistas impresionantes (recomiendo elegir habitaciones dobles superiores con ducha y acceso al Spa o con bañera hidromasaje). El Spa y el restaurante (todo lo que probamos estaba delicioso) ambos acristalados y con vistas al pueblo, la montaña y el Valle del Tiétar. El servicio atento, amable y relajado en todo momento… y un entorno que invita a pasear :)

 

Así que sin duda os lo recomiendo! Me ha encantado tanto que me ha venido una idea… pero voy a dejar flotar el suspense y ya os iré contando lo que ha brotado en mi cabeza ;)

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